martes, 25 de mayo de 2010

La stanza del figlio


Cuando vivía en Roma, en la temporada 2000/2001 (yo estructuro mi vida en torno a temporadas o cursos académicos), mis amigos fueron a ver esta peli al cine. Al volver me dijeron que les había gustado, pero que era sumamente triste. En aquel momento no me apetecía ver nada triste, así que nunca la fui a ver. El otro día la visioné en casa, con cierto temor, con miedo. Miedo de encontrarme con algunos sentimientos y con la nostalgia de un tiempo, el de mi vida universitaria, del que tengo muy buenos recuerdos y que ya nunca volverá.

La película de Nani Moretti versa sobre una familia (un psicólogo, su mujer y dos hijos adolescentes), feliz y bien avenida, que disfruta con pasión de su día a día. Una fatalidad, un accidente, la muerte del hijo, Andrea, trunca la normalidad del clan. El padre, como psicólogo, desempeña el papel de fuerte y ha de levantar el ánimo de los demás. Pero, en el fondo, él está peor que el resto. El psicólogo pasa a ser paciente (muy bien narrado con los pequeños fragmentos de las conversaciones de sus consultas y el giro que dan éstas a partir del fatídico suceso) y se ve obligado a aplicarse su propia terapia. Como todas las realizaciones de Moretti, la narración es original, pero sumamente sobria.

La película es muy emotiva, es un tema éste, el de la pérdida de un hijo, que toca la fibra sensible de cualquiera. Más aún en mi caso, puesto que hace no mucho tuve que vivir un episodio similar muy cerca de mí. Por eso, La habitación del hijo me ha hecho sufrir, luego me ha hecho pensar y, finalmente, me ha hecho sonreír, viendo que todo puede ser asumible y entendible, y que en la vida siempre hay una oportunidad de resurgir, de renacer. La habitación del hijo, la de Andrea, cerrada a cal y canto desde su muerte, se abre al final para que el recuerdo sea vivo y completo gracias a la presencia de una medio novia que tenía el chico fallecido y que actúa, para los padres de éste, como bálsamo y pieza de un puzle que, tras la repentina muerte de su hijo había quedado incompleto.

Hay dos momentos, especiales, que, debido a lo anteriormente dicho, me han puesto los pelos de punta. Las dos escenas están acompañadas de música. Una con "Insieme a te non ci sto piú", de Caterina Caselli, y otro con "By this river", de Brian Eno. Como dicen los italianos: questo é un filme da vedere.