domingo, 25 de abril de 2010

Un trozo de papel


Cuando me dan un billete en mal estado me suelo preguntar si será de curso legal. Me pregunto si los cientos de manos que lo han tocado se han planteado lo mismo. Un trozo de papel, es un puto trozo de papel cuyo valor parece haber quedado disipado en el agua que, como si fuera ácido sulfúrico, lo ha desfigurado. Encalomarlo lo antes posible suele ser la solución elegida por la mayoría de usuarios. A veces me pregunto también si es un truco del sistema para que, al encalomarlo, gastemos más rápido. Un señuelo diseñado por el mega holding universal fundado por Adam Smith & Associates. Todo está controlado por otro todo aún mayor y cada todo depende de los otros, siendo sólo algunos de éstos indispensables. La red se extiende y nadie escapa. Uno acaba por acostumbrarse, y hasta, cuando el viento sopla a favor, le coge el gustillo a la navegación sin coordenadas que la tela de araña te permite. Un tablero con fichas en el que se necesita conocimiento del juego y azar para ganar tu partida, si es que eso te hace feliz. Unas manos que desde arriba, como salidas del cielo, barren las fichas, colocan otras y vuelven a empezar la partida madre, la que, haciendo de matriuska, da cabida a las demás. Una existencia que parece controlada por alguien que, simplemente, no se inmiscuye en problemas menores. No sabemos quién es ese alguien pero sí sabemos, más o menos, quienes manejan los hilos aquí abajo. Y eso es todo. No queremos saber más. Ni siquiera si el billete es, en realidad, algo más que un trozo de papel.

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