lunes, 19 de abril de 2010

Extraña forma de vida, de Enrique Vila-Matas

La narración abarca un día, un día importante para el narrador, el día en que cambió su estilo literario, su vida. Vila-Matas reflexiona sobre la profesión de escritor: una extraña forma de vida, como la del espía, siempre buscando algo que poner en su informe, siempre al acecho de sucesos, noticias. El protagonista, que prepara una conferencia a la que acudirá su amante (que es su cuñada), está escribiendo una obra realista sobre los personajes de su barrio, a quienes observa como un vouyeur. La novela se estructura a través de pequeñas historias que el personaje va recordando y que componen un mosaico de relatos cosidos al hilo conductor de la novela. Los paralelismos entre escritura y espionaje se extienden por medio de una compleja red, como si la realidad se inventase una ficción en la que todo coincide. Teniendo esto en cuenta, siendo conscientes de que la mente humana tiende a inventar, a exagerar y a ficcionar los recuerdos, el autor llega a la conclusión de que es más fácil, y más honesto, inventarse los sucesos que narrarlos como verdaderamente ocurren, o creemos que ocurren. La novela no está exenta del humor delirante del autor de Doctor Pasavento y posee esa prosa prodigiosa a la que nos tiene acostumbrados el autor barcelonés y que obliga al lector, si es que éste dispone de tiempo suficiente, a leer la obra de un tirón. 

Intolerable me pareció de pronto la ausencia o, mejor dicho, la desaparición de Dios. Antes estaba en toda partes, pero en este siglo se ha esfumado, se nos ha evaporado. Me dije de pronto: Dios mío, me pregunto quién nos ve. Y después me dije: A mi manera yo he tratado de comportarme como si fuera el Dios antiguo de los cristianos. A mi manera yo he tratado de estar en todas partes y espiarlo todo, espiar a todo el mundo. Extraña forma de vida.

Extraña forma de vida, Anagrama, 1997.

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