jueves, 29 de abril de 2010

Escenas de cine mudo, de Julio Llamazares


Soy una persona tímida para según qué cosas. Una vez me encontré con Julio Llamazares en la T4 de Barajas y estuve a punto de ir a saludarle, puesto que es y siempre ha sido uno de mis escritores españoles favoritos, pero algo me paró en seco, una sensación, una energía oculta, un mal feeling… no sé qué fue, exactamente, pero me imaginé a mí mismo en una situación ridícula y desistí de mi intento. Cuento esto para dar una medida de lo que Julio Llamazares, como escritor, representa para mí, un icono, un referente, alguien de quien aprender. 

Escenas de cine mudo es una lección de literatura. Y es una lección porque en un libro tan modesto, con tan pocas pretensiones de ser una gran novela o una obra para la historia, Llamazares despliega todo su arsenal técnico y todo su pensamiento para sumergir al lector en una narración dinámica, pulcra en su estilo e interesante en cada párrafo. Se trata de una especie de memorias de juventud, pero ficcionadas, en sus propias palabras, que se estructuran en base a los cortos capítulos, cada uno titulado de manera independiente, que parten de cada una de las fotografías que el escritor conserva de su infancia en las tierras mineras de León. Es un gran testimonio de la España de la época desde el punto de vista de la inocencia de un niño que no consiguió entender el mundo, ni siquiera el pequeño mundo de su comarca, hasta que no logró salir del pueblo. Llamazares construye una novela de ficción mezclando sus recuerdos con su imaginación, que, por decirlo como lo diría él en el libro: colorea esas fotos en blanco y negro para darles vida. 

El cine, la fotografía y la televisión son el material principal del la novela, una novela que nos habla del mundo en imágenes, de una vida en imágenes que iba desde las películas mudas que se proyectaban en su pueblo, hasta las escasas fotografías que les hacían, pasando por la llegada de la televisión. Y esas imágenes son las que él, con su maestría habitual, nos transmite gracias a la prosa; también son las que le sirven de excusa para reflexionar sobre el tiempo, el pasado unido al futuro por medio de un recuerdo presente.

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