miércoles, 10 de marzo de 2010

La strada, excepción neorrealista


Hace poco me ofrecieron un puesto como ayudante de dirección en un corto profesional. Para mí, dirigir algo que no he escrito yo es una sensación extraña. No he dicho que no, pero tampoco he podido tirarme a la piscina alegremente, puesto que me debo al trabajo que alimenta mi estómago, no al que alimenta mi alma. El caso es que la propuesta me llegó mientras estaba visionando uno de los primeros filmes de Fellini, La Strada, y me hizo recordar un hecho: Fellini fue ayudante de dirección de Rossellini. 

Ser ayudante de dirección otorga experiencia, y no sólo a nivel de veteranía, sino también a nivel técnico. Es una buena escuela, un paso necesario. Pero dirigir textos de otros puede ser agobiante para una mente creadora en constate actividad. Quizá por eso, Fellini rompió rápidamente con la tendencia neorrealista radical en la que había crecido para buscar su propio lenguaje, su camino experimental, y convertirse en el genio de la cinematografía que hoy es. 

En La strada encontramos el momento de ruptura: mantiene la esencia del neorrealismo (es una película protagonizada por gente pobre y miserable, dos titiriteros), pero, a diferencia de las películas de De Sica o del propio Rossellini, el drama se centra en lo humano, y no en lo social. La strada es una película de personajes, con un excepcional Anthony Quinn y una Giulietta Masina que borda el papel de deficiente mental profunda, otorgándole al personaje una ternura que llega a emocionar. Porque mira que es tonta, la pobrecita... El personaje de Quinn, Zampanó, es un primitivo nómada que sólo piensa en sobrevivir día a día. Es una animal que se gana la vida haciendo de forzudo en una barraca, un ser que, aunque tiene algo en su corazón, no es capaz de mostrarlo, y  que terminará por destruir todo lo que le rodea, incluído él mismo. Lo más interesante de la cinta es la introspección que el director consigue, cómo rebusca en lo más profundo de los personajes para sacarles lo poquito que dos seres tan básicos son capaces de dar. 

Pero a nivel cinematográfico, lo más interesante es ver cómo Fellini (considerado uno de los mejores realizadores de la historia) empieza a esbozar, perfilar y modelar, lo que será su lenguaje narrativo propio. La historia es lineal, pero la inclusión de la música diegética, la puesta en escena de cada plano, las mujeres voluptuosas y la Italia de aquella época como un ente vivo, ya asoman en esta excepcional obra que marcaría un antes y un después en la filmografía del director. Es como si F.F. se hubiese dado cuenta, con la realización de este filme, de las posibilidades narrativas que se abrían en su mente. 

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