lunes, 22 de febrero de 2010

El mundo de ayer, de Stefan Zweig


Por fin he acabado de leer este tocho de casi seiscientas páginas. Y ha merecido la pena. El mundo de ayer son unas memorias, pero no las del autor, que también, sino las de la propia Europa. Da la impresión de que es el viejo continente quien ha escrito este ordenado y estético texto que resume, mejor que cualquier libro de historia, la trayectoria del continente europeo desde la perfecta armonía de finales del S.XIX hasta la locura colectiva de la II Guerra mundial.

Stefan Zweig, hundido por la horrible visión del mundo que contemplaban sus ojos, se suicidó antes de acabar el libro. La sensibilidad del austríaco impregna al lector de su esencia conforme avanza en su lectura. Los sufrimientos y penurias de cualquier centroeuropeo en el periodo de entreguerras es algo que no todos los estómagos pueden digerir. El odio visceral y la maldad humana llegan a su cénit cuando a Hitler se le ocurre invadir el mundo y acabar con la raza judía, de la que Zweig formaba parte. El escritor, que pertenecía a las clases altas y, además, tuvo un gran éxito en vida, fue un gran viajero, uno de esos que no sólo viaja como una maleta, sino que saca conclusiones interesantes, y las importa. Cualquier persona que entienda el mundo como algo global se sentirá identificado con las vivencias y aventuras de Zweig, que, por otro lado, narra también sus relaciones con los artistas de la época, a quienes revive en estas páginas.

Como de costumbre, el vienés nos deleita con su prosa perfecta, musical y precisa en las descripciones. Y aunque el libro parece que no va a acabar nunca, avanza despacio, como un medio de transporte que se desplaza a lo largo de la historia, como un DeLorean, una máquina del tiempo que te transporta, a través de sus vívidos recuerdos, al pasado más reciente del mundo contemporáneo.

Quizás ahora no sea del todo consciente, pero cuando pase el tiempo veré con meridiana claridad la importancia capital de esta lectura.