jueves, 28 de enero de 2010

¿Qué tienen los hombres en la cabeza?


Ahora mismo estoy leyendo El mundo de ayer, de Stefan Zweig, La ciudad, de Karmelo C. Iribarren, una manual de técnica cinematográfica y la bibliografía de algunos temas de oposición. Pero, como en el anuncio ése del champú anti-caspa: yo en la cabeza sólo tengo cine. Sé que debería tener otras cosas, pero, para que nos vamos a engañar, hasta que no resuelva mi conflicto (más bien el del personaje del guión que estamos trabajando) no podré sacármelo de la encima.

En los últimos meses he visto muchas pelis. Antes, cada vez que veía una película, más allá de seguir la trama, me centraba en el análisis de un aspecto técnico concreto: la iluminación, el desglose de planos, los movimientos de cámara, las interpretaciones, etc. Ahora creo que ya soy capaz de fijarme en todo a la vez. Creo...

De los DVD que compro o traigo de la biblioteca destaco el repaso que estoy haciendo de los italianos del Dopoguerra. No me refiero al Neorrealismo, puesto que además éste no existió como un movimiento en sí mismo, sino como una forma afín de hacer cine: Roma ciudad abierta, El ladrón de bicicletas, Rocco y sus hermanos. Me refiero a lo que vino después de esa semilla, genialidades como Ocho y medio y Amarcord, por ejemplo. Porque Fellini, ayudante de dirección de Rossellini, evolucionó hacia un estilo propio y personal que le encumbró a lo más alto de la Historia del Cine, como lo hicieron también, cada uno a su modo, Visconti y Antonioni.
Me interesa el sentido formal de esta época del cine italiano, su preocupación estética, sus vías narrativas, la forma de construir los personajes y, sobre todo, ese sentido de originalidad tan propiamente mediterráneo.
He estado viendo algunas de las últimas obras de Visconti: Muerte en Venecia y Confidencias. Muerte en Venecia me parece un coñazo. Sí, lo siento, tiene detalles de maestría, pero como historia me parece un auténtico coñazo. Pero Confidencias es una interesante peli construida a base de paralelismos. Todo transcurre en los mismos espacios, no tiene aperturas porque, precisamente,  se busca la introspección. Y Burt Lancaster está estelar.

Otro autor que me interesa especialmente es Bertolucci: conocía sus obras más laureadas, pero no había visto Soñadores, que me ha sorprendido muy gratamente, ni El cielo protector, que es bastante interesante. De Antonioni no hace falta hablar. En Europa es una rareza puesto que la sensibilidad de su cine vira hacía Oriente. Igualmente, un maestro de la forma. Ahora sólo me queda profundizar en Pasolini, su trilogía final y su famoso Teorema, que aún no he visto.
Próxima estación: cine clásico. Desde que acabó Qué grande es el cine, me quedan muchos títulos míticos por ver: No sé, quizá Howard Hawks me lleve su tiempo...

Aunque, pensándolo bien, ahora no es tiempo de cine, está la cosa muy mal... hay que empezar a tener otras cosas en la cabeza... y no me refiero a la caspa...