martes, 19 de enero de 2010

Para esas noches de insomnio, José Ángel Barrueco


En los potentes cascos de mi mp3 sonaba La leyenda del tiempo, de Camarón de la Isla, en el asiento de al lado una señora leía uno de esos libros que tiene 800 páginas de título (La chica que era más tonta que Abundio porque robaba bidones de gasolina para revenderlos y comprar cerillas mientras el chico que no amaba a las mujeres se iba corriendo al Palacio de las Corrientes, etcétera), en mis manos un ejemplar bizarro, un libro que tiene poca gente, una obra que no es fácil conseguir pero que resulta muy fácil de leer: Para esas noches de insomnio.
Eso es lo que tenía pensado yo, leérmelo en mis noches de insomnio, a fin de empatizar con el realismo de Barrueco, impregnado del perfume sobrio de la gente de mi tierra, de una suerte de laconismo donde ni sobra ni falta nada, donde todo se pone sobre la mesa; pero al final me lo he leído a caballo entre el Cercanías y  mi casa, degustando lentamente estos textos que mezclan con maestría relatos cortos y artículos de opinión.
Barrueco ha sido un referente para los lectores zamoranos. Durante más de ocho años su rostro sereno, de mirada reposada, aparecía en las páginas del diario local: La Opinión de Zamora. Barrueco es a Zamora lo que María Escario al deporte español. Desde que él no está, cada vez que hojeo el periódico, noto como si le faltara algo. Es la misma sensación que cuando todos tus compañeros de trabajo se van a casa y tú te quedas haciendo horas extras. Es un vacío en el entorno.
Algunos artículos aparecidos en el citado diario han sido recopilados por David González (director de la Colección Zigurat, Ateneo Obrero de Gijón) para esta edición, y da la sensación, al leerlos, que trascienden el formato columna para erigirse, con descaro, en auténticos relatos, pura literatura: tensión, forma, emoción, sintaxis… un dechado de técnica. 
Muchos de esos artículos han sido escritos en noches de insomnio, desde su ventana, desde el pupitre de madera de un hotel de carretera, desde el despunte del alba, y al leerlos piensas: un escritor, este tío es un escritor de verdad, de los de antes: entregado a la causa a pesar del amargor de la bilis, de la gente deshonesta, de los listos, los trepas y los editores comerciales. Un escritor, repito: un escritor.
Para mí, que soy de la tierra, retrotraerme a cierta época y recordar a ciertos personajes ha sido una experiencia similar a la que se obtiene viendo Avatar con las gafas de colores... Ésas que no te dejan cerrar los párpados.