miércoles, 27 de enero de 2010

El intercambio



Me pregunto por qué esta película (Clint Eastwood, 2009), tratando el tema que trata (sinopsis, aquí) y siendo tan correcta en su estructura y su realización, no consigue emocionar como debiera. La acción avanza de manera magistral, está realmente bien planteada (cosa que no es fácil cuando hay tantas elipsis temporales) y llega al clímax sin perder interés. Pero no emociona.

Quizá el hecho de que sea una historia real y de que el espectador sepa lo que sucedió antes de ver la cinta le haga perder interés. Pudiera ser también que la interpretación de Angelina Jolie, aunque correcta, no sea la más adecuada para el personaje. Pudiera ser que tanta corrección clásica en la composición de la historia le haga caer en el academicismo. No lo sé, desconozco el motivo principal, pero la cinta, aun estando bien llevada en todas sus partes, me ha dejado frío. No quiero decir con esto que me haya aburrido, ni mucho menos, pero me ha dejado una sensación de indiferencia que no suelen dejarme, por lo general, las películas de Eastwood. Por otro lado, se echa en falta el apoyo de un personaje secundario que acompañe a la protagonista en su drama, que sirva al espectador de visión objetiva, porque el personaje de Malkovich, aunque en el cartel aparezca como secundario, es como el Guadiana: aparece y desaparece según se le va necesitando.

Lo más interesante de la película, para mí, es su realización. Clásica, como siempre que hablamos de Clint Eastwood, pero perfecta. El equilibrio de la escala de planos hace que el ojo del espectador esté constantemente compensado. Es una dirección típicamente americana, con mucho desglose, mucho ritmo. En este sentido, yo, como espectador, sufro mucho cuando la cámara no se cierra en las partes más dramáticas. Me explico: no es lo mismo una película de Billy Wilder que una de Berlanga, siendo los guiones muy parecidos en su tono y en la forma de estructurar el material a tratar. Berlanga mueve constantemente la cámara (casi siempre en travelling) pero no escala los planos. Billy Wilder mueve y escala, combinando ambos ritmos de manera soberbia. En este sentido Clint Eastwood es un maestro del equilibrio. Y aunque sólo sea por eso disfruto enormemente con sus películas. Aunque, como digo, ésta me haya dejado un poco indiferente. 

Me alegro de no haberla ido a ver al cine.

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