miércoles, 30 de diciembre de 2009

El año, la Navidad, y tal

Primera foto que sale en Google imágenes con los términos: lo mejor del 2009

No soy muy amigo de las efemérides, pero puestos a recordar, así, a bote pronto, me vienen a la mente algunos momentos chocantes: Me acuerdo de las lágrimas de Federer en Australia. Me parecieron injustas. Casi tanto como la concesión del Nobel de la paz al presidente del los Estados Unidos, que podría equipararse, por ridícula, a la no-dimisión de Díaz Ferrán al frente de la Patronal o a los 90 millones de euros pagados por un jugador de fútbol en época de crisis. Aunque para crisis, la que tiene la Iglesia, tan preocupada siempre por la vida, del rebaño. La gente prefiere ver Perdidos, que en seis temporadas, ha tenido más éxito que los Evangelios en dos mil. Y no me refiero a los evangelios de El País o El Mundo, sino a los que se escribieron décadas después de la muerte de Jesús. Cuyo nacimiento, por cierto, se celebra en estos días, con la exhibición de belenes y demás parafernalia tradicional. Pero sobre todo belenes. Se montan belenes por todas partes. Aunque, para ser sincero, a mí no me molestan lo más mínimo. Es una época especial. Sobre todo para el consumo. Aunque en mi caso lo mejor son los reencuentros. Me hacen recordar mi historia. Son fechas en las que me da por pensar cosas raras. Quizá se deba a que no me gusta mucho el marisco, no lo sé, el caso es que el otro día, viendo la tele, apareció en mi cabeza la idea de que Jesús tuvo que ser un tío guay. Y amigo de sus amigos. Un tipo sereno que practicaba el yoga y fumaba lo mismo que Gandalf el mago. Lástima que ningún San Jorge Javier nos cuente sus andanzas paganas. La historia nos demuestra que todo es repetible. Lo del Gürtel no es nada nuevo; ya en la Palestina de Jesús había concesiones “a dedo” por parte de los jerifaltes romanos. Y aunque lo digo sin datos en la mano, Herodes debió de ser una especie de Pocero, en aquellos tiempos. Aunque, en mi opinión, la culpa de todo este lío llamado consumismo, digo... cristianismo, la tuvo, años después, el Emperador Constantino, que justificó la adhesión del Imperio a la religión de moda porque, según su propia versión: “había tenido una visión”. Una auténtico iluminado, vamos. En fin… habrá que volver a creer en los Reyes Magos con la esperanza de que algún seis de enero los pillemos infraganti y les podamos pedir, de una puta vez, las explicaciones pertinentes.
PD: ¡Qué tengáis un buen año!, porque, a pesar de los pesares, parafraseando al desaparecido Andrés Montes: la vida puede ser maravillosa"