lunes, 7 de diciembre de 2009

Celda 211


Hubiera ido a ver esta película aunque fuese una mierda. Son muchos los colegas y conocidos que actúan como extras. El rodaje se realizó íntegramente en mi ciudad natal, Zamora, y algunos exteriores también me han evocado recuerdos de mi tierra.
El film es magistral, una lección de cinematografía. Es una película de acción, un gran entretenimiento, una de esas narraciones que el cine español necesita para salir de la única vía exitosa que ha encontrado: la del intelectualismo. El equilibrio de todas sus partes permite que la cinta alcance un clímax realmente tenso. El guión, obra del director, Daniel Monzón, en colaboración con uno de los mejores guionistas de España, Jorge Guerricaechevarría, cuenta una historia resultona, la del motín de una cárcel, articulada mediante una buena trama. Pero, realmente, son los personajes y sus conflictos quienes nos obligan a pegarnos a la pantalla durante dos horas. Es la paradoja del bien y el mal. Esta vez no ganan los buenos. Ni los malos. Porque no somos capaces de dilucidar quién es quién. La cinta nos dice que el verdadero mal está en el sistema penitenciario.
Luís Tosar, en el papel de “Malamadre”, el mejor de su vida, da vida a un kie que lidera el motín. Un funcionario, que se queda dentro cuando estalla la revuelta, generará todo el drama de la narración. Ésta plantea cosas interesantes, pero, por encima de todo, expone perfectamente cuáles son las armas del cine para contar historias. ¿No sabes cuáles son? Pues acude a la sala más cercana. Esta peli tiene de todo. Merece la pena.