lunes, 30 de noviembre de 2009

Noches de cocaína


Lo único que no entiendo de la novela es el título. Podría ser una noche de muchas otras cosas, incluida la cocaína, pero antes de abrir el libro pensé que esta sustancia estupefaciente derivada de la hoja de coca tendría más peso en la narración.

La obra se centra en un personaje, Charles Prentice, excelentemente trazado por Ballard, que acude a la Costa del Sol para intentar sacar a su hermano de un lío que ha dado con sus huesos en la cárcel. Prentice sabe que su hermano es inocente y que por alguna extraña razón se ha autoinculpado. Entonces comienza su investigación particular en la urbanización donde se ha cometido el crimen del que acusan a su hermano Frank y se sumerge, dejándose arrastrar por un misterioso personaje llamado Bobby Crawford, a las profundidades de la sordidez humana. Lo que allí descubre es un mundo oscuro que se esconde entre las sombras de las urbanizaciones, los yates y los coches de lujo.

En esta novela, publicada en 1996, el autor hace una inmersión en el submundo de las vidas idílicas de los británicos que residen en la Costa del Sol. Y parece vaticinar el famoso crimen de Rocío Wanninkhof, asesinada por el ciudadano inglés Tony A. King en la misma zona.
Se trata de una prosa dinámica que se lee bastante bien y que engancha y atrapa al lector desde el primer momento, como buena novela negra que es. Lo mejor, para mí, son los personajes y el desarrollo de los mismos, de sus motivaciones, a lo largo de la narración.

Dinero, sexo y drogas. ¿Qué más hay en la actualidad? Fuera de Estrella de Mar, el arte no interesa un comino a nadie. Los únicos filósofos auténticos que hoy quedan son los policías.

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