jueves, 5 de noviembre de 2009

La teoría de la relatividad de la literatura española

1.1.
En menos de una semana, nuestro protagonista, Mario Crespo, ya no estará aquí, en el mundo que existe bajo la Relatividad General. Es posible que vuelva en algún momento como viajero del futuro, como replicante o, ¿quién sabe?, como una reencarnación de sí mismo. Pero durante, al menos, los próximos cincuenta años, no estará con nosotros. Mario siente que escribir no es lo mismo que pensar: lo primero está de moda, lo segundo está en desuso. Se retirará ejecutivamente del mundo literario y otros menesteres creativos para dedicarse por entero a la ciencia: a la física cuántica, para ser exactos. A pesar del esfuerzo y sacrificio que su misión requiere nadie ha conseguido aún que se retracte de su afirmación: "nunca dejaré de escribir".

1.2.
Cuando Mario tenía 14 años, estando de retiro estival en un pueblo de la provincia de Salamanca, Ledesma, una noche de verano, mientras charlaba con otro chico de su edad bajo un manto de estrellas que nunca más ha vuelto a ver con tal esplendor, una luz plateada con cuatro rayos saliendo de su centro pasó por delante de sus ojos. Su amigo de la infancia también lo vio.


-¡La hostia, Ángel! ¿Has visto eso?

-Sí, macho: alucinante. Creo que era un platillo volante.


En los estertores del verano de 1999, uno de los veranos más calurosos del último decenio, después de un sábado de fiesta e insomnio, sentado en la terraza de un colega, disfrutando del delicado gusto que deja la hierba en los labios, el mismo objeto volador no identificado se presentó de nuevo en el cielo. Era una mañana brumosa y el objeto se perdía entre las nubes, yendo y viniendo de un espacio y un tiempo que no parecía ser el mismo en el que la masa de su culo curvaba la lona de la hamaca de playa en la que estaba sentado.

En el verano de 2009, uno de los más calurosos de los últimos años, Mario gira la llave que abre la puerta del edificio madrileño donde reside y se dispone a revisar el buzón. Una carta franqueada en Suiza capta toda su atención. Pleno de impaciencia, abre, a toda prisa, el sobre en el ascensor, rasgando la mitad superior del documento. Al salir del elevador modelo OTIS, las chancletas que calza, que ejercen una nula fuerza de rozamiento con el suelo de mármol, provocan un patinaje que acaba por transformarse en una micro rotura fibrilar a la altura de la ingle. Poco importa este detalle. Mario está lleno de energía positiva, excitado, pleno de actividad. El folio rasgado lleva un membrete que reza así: Laboratorios CERN, Suiza. El cuerpo del mensaje está escrito en francés. Mario no sabe francés, pero en momentos de máxima exaltación vital parece imbuirse de la fuerza de una de esas lenguas de fuego que, según las Escrituras, iluminaron a los apóstoles por ciencia infusa. La carta dice que Don Mario Crespo Alonso ha sido seleccionado para disfrutar una de las becas que la Fundación Hawking de Basilea ofrece a los jóvenes aspirantes a “curvadores”.

1.3.
En 1905, uno de los años más calurosos del S.XX, el científico Albert Einstein desarrolla la teoría especial de la relatividad: el intervalo de tiempo medido por un reloj depende de su estado de movimiento. Los relojes de dos sistemas de referencia que se muevan de manera diferente (velocidades distintas) registrarán lapsos de tiempo distintos entre los mismos acontecimientos. Este efecto es conocido como “dilatación del tiempo".


Los aspirantes a curvadores han sido elegidos minuciosamente por los gestores de la Fundación. Se trata de gente que, por cuestiones del necesario azar*, ha tenido la oportunidad de contemplar, alguna vez, una distorsión espacio-temporal. Hombres y mujeres que en su infancia fueron iluminados por una cuarta dimensión.

El acelerador de partículas desarrollado en los Laboratorios CERN de Suiza permite, hoy en día, que las personas seleccionadas para convertirse en curvadores puedan viajar a un tiempo futuro. Mario Crespo Alonso, de treinta años de edad y nacionalidad zamorano-leonesa, será enviado al espacio a una velocidad equivalente al 99.5% de la velocidad de la luz. Se prevé que su estancia se alargue unos cinco años. Cuando vuelva, los hombres y mujeres de su generación, la de los Quintos del 97 del pueblo salmantino de Ledesma, tendrán unos ochenta años. Mario tan sólo treinta y cinco. Al viajar por el espacio a velocidades distintas, el paso del tiempo también acontecerá a velocidades distintas.

Mario Crespo Alonso, antes de embarcarse en su nueva aventura, está siendo preparado por un gabinete formado por psicólogos, fisioterapeutas y porteros de discoteca para asumir, a su regreso, las paradojas y contradicciones que su cerebro, tan limitado como el de todos los humanos, tendrá que sufrir. Mario es consciente de que no volverá a ver a su familia ni a muchos de sus amigos, pero sabe que cuando vuelva y transforme su experiencia en novela, además de vivir dos veces, no tendrá problemas para que algún editor español publique su obra.

*El azar es sólo el modo en que se manifiesta la necesidad (Roger Garaudy)