lunes, 9 de noviembre de 2009

I believe


¿Por qué no lo celebra?

Pasa de todo, es un escéptico.

Y me preguntában ¿y tú en qué crees?

Creo en el Big bang, en la materia, en la Teoría de la Relatividad, creo en el espíritu , en la energía, creo en el cine, en la literatura.Y, además, sabéis, creo en el hombre, creo en la raza humana, en que todo el mundo es bueno por naturaleza, pero creo también, que el hombre es el ser más corruptible del universo conocido: cualquier trauma, cualquier experiencia, cualquier baja pasión, mal sentimiento, etc, estimula la maldad.

Esto del bien y el mal es más viejo que la Tana (a quien no tuve el gusto de conocer): Dios y Satanás, luz y oscuridad, blanco y negro… Pero es un concepto profundo que, como diría Rajoy, es un as
hunto (léase la h aspirada, como en inglés, y a cambio obtendrán la auténtica y genuína pronunciación de Mariano) de importancia capital (igual usa tanto la palabra como homenaje al ejemplar e incorruptible PP madrileño).

La Guerra de la Galaxias es un buen ejemplo de todo esto, aunque un poco ochentero (lo digo por las fashion victims literarias): Dark Vader se pasa al lado oscuro a raíz de un trauma… ¡Pero si era un buen chaval, joder!: Anakin Skywalker, un muchacho sanote, un mesetario de Tatooine, un aficionado a las carreras de vainas, amigo de sus amigos, un hombre casto, un español de pro que llevaba con orgullo la gorra de Renault en la cabeza y luego la de Ferrari. Y mirad cómo acabó, el colega, embutido en una lata de conservas, con la cara hecha un asco, hombre, por favor. Y siempre es igual, hasta las series más postpoéticamente escritas y realizadas, como Perdidos, tanta física y tanta hostia, al final, se acaban convirtiendo en un duelo entre el bien y mal.

Y lo que decía, antes de enrollarme con lo de mi primo Anakin, es que a pesar de la capacidad autodestructiva y la estupidez endémica de la raza humana, fijaos si soy positivo que sigo creyendo en el hombre:

porque si hay una parte del ser
que el hombre siempre mantiene,
ésa es la sensibilidad.

Todo consiste en

hacerla aflorar

en el terreno estéril de la maldad.

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