viernes, 30 de octubre de 2009

Vectores

Modo A:
Charlando en la barra de un bar, tomando la última, a las siete de la tarde, dos jóvenes de entre 25 y 30 años traman un plan. Vectores. El mundo se construye con vectores y hasta Stephen Hawking piensa que los agujeros negros están programados con PhP. Leonardo era un hombre de ciencia, abarcaba todos los campos, todas las artes. Hoy en día, un Leonardo de la vida no abarcaría ni el 50% de lo que puede absorber, asumir. Eso es lo que discuten. Una performance artística es lo que trabajan. Apuran el último trago a la par y se estrechan la mano, despidiéndose después, en los aledaños del Matadero de Legazpi. Las sudaderas con capucha se llevan menos que el bigote y las gafas de pasta. Agustín Fernández Mallo lleva zapatos de punta, parecen de ante, y caros. Él y su homónimo Porta presentan Nocilla Lab. A los jóvenes de entre 25 y 30 años les gusta ver nuevas propuestas. Y volver a pensar lo que ya habían pensado, antes.

Modo B
David y yo, en la barra de un bar mesetario de Legazpi, apurábamos el penúltimo trago de la última cerveza. Acudimos a la presentación de Nocilla Lab, en el Matadero. Estaba petado. Había medios, técnicos y radiofónicos. Hace tiempo que pienso en un recital 2.0, a mi manera, que no es nueva, pero es distinta, aunque cualquier proyecto artístico postmoderno se genere combinado vectores. Nadie mató a los ismos, ellos solos se murieron. Fernandez & Fernández, como ellos mismos se presentaron (Porta y Mallo, como los presento yo), proponen una vía, interesante, inteligente, pero una más dentro de un conjunto abierto. Sigo sin entender porqué el parchís ofrece siempre los mismos cuatro colores. El parchís debería tener fichas lilas, fluorescentes, fichas con la camiseta del Barça, con la cara de Obama. El azar es sólo el modo en que se manifiesta la necesidad (Roger Garaudy). David y yo nos despedimos y nos fuimos a casa. Seguimos hablando, dijimos con una sonrisa en los labios, bajo un cartel de Coca-Cola.