lunes, 2 de noviembre de 2009

Elegía, Philip Roth


Buscaba ironía en Philip Roth y elegí, se ve que equivocadamente, una novela reciente, Elegía (Mondadori, 2006), un poco al azar… De la ironía ni rastro, he encontrado un tono grave que reflexiona sobra la muerte y el deterioro del hombre. La novela empieza en el cementerio, con el entierro del protagonista y acaba, con un diálogo genial entre el susodicho y un enterrador, en el cementerio. Yo buscaba una narración capaz de esbozar una media sonrisa en mi cara y quizá por eso mi visión pueda ser sesgada. Pero, de verdad, por momentos llega agotar. Parece una novela de retirada. Una especie de crónica de una muerte anunciada, un testamento que el autor nos lega en tono de lamento para que, de alguna manera, le perdonemos:

Redactar un testamento: esa era la mejor parte de envejecer y probablemente incluso de morir, redactarlo y, con el paso del tiempo ponerlo al día, revisarlo y tras reconsiderar todo a fondo, volver a redactar un testamento.