viernes, 16 de octubre de 2009

Desvirtuando la ironía


El cinismo moderno, la connotación actual del término (proveniente de la escuela filosófica griega fundada por Diógenes), dista mucho de significar lo que en un principio fue. Quiero suponer que esta desvirtuación proviene de un incorrecta lectura del leit motiv del primitivo cinismo: la ironía, la burla y el sarcasmo. Ahora llamámos cínico a quien miente sin pudor o al sinvergüenza...
Yo, que, para no perder el sentido crítico de esta sociedad, uso a menudo la ironía,
he sufrido la misma interpretación por parte de mis compañeros de trabajo, a quienes no se les ocurrió nada mejor (gracias, chicos) que regalarme, por mi cumpleaños, una bailaora de plástico y una caja de palillos planos.
¿Por qué?, os preguntaréis. Resulta que ellos piensan que he sido yo quien ha acuñado el término mesetario y, de tanto ironizar sobre el mesetarismo como crítica a unos hábitos propios de otra España, me han acabado implantando el mesetarismo como rasgo propio. A ellos también les gusta el sarcasmo.
Afortunadamente mi televisor es una pantalla plana de pocos centímetros de grosor, los justos para sostener el sensor de la Wii.

En ella la bailaora no cabe, se espatarra viva… y no es plan… las mesetarias no se espatarran, así como así…

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