viernes, 18 de septiembre de 2009

Still walking


Hirokazu Koreeda (2009). Unos hijos vuelven a casa de sus padres, que viven alejados de la ciudad, para celebrar en un par de días, el decimoquinto aniversario de la muerte del primogénito. Las rencillas familiares saldrán a flote a lo largo del filme. Koreeda bebe, claramente, de las fuentes clásicas del cine japonés, Yasuhiro Ozu, en este caso, y Cuentos de Tokio, más concretamente. Pero lo que en Ozu es imagen en Koreeda es diálogo, lo que Ozu sugiere Korreda lo muestra, lo que Ozu transmite Koreeda lo dice. Esta peli sólo se exhibió en un cine VOS de Madrid. Me alegro de no haber ido a verla al cine. La última media hora es soporífera y el final noño y prescindible. Es una narración discursiva y pesada que deja las imágenes atrás para crear el drama con las sentencias de la madre o la frialdad del padre. La película habla sobre la muerte, o sobre la vida, más bien, puesto que en la cultura japonesa no se entiende la vida sin la muerte. Es una visión oriental, positiva, ellos aceptan la muerte como parte de la vida y reducen el drama a una celebración. Previsible y recurrente, tras la expectación levantada y a pesar de apreciar sus virtudes artísticas, que no son pocas, no me parece una gran película, como han dicho algunos críticos.