viernes, 11 de septiembre de 2009

Petaditis

Lo sufrí por primera vez hace una década. Una década, guau, suena raro, hace diez años nunca hubiera dicho “hice noséqué hace una década”. En todo caso hubiese dicho: hace diez años. Sí, me estoy haciendo mayor, ya lo sé. Me estoy haciendo mayor quiere decir que ya no tengo veinte años, aunque a veces me crea que sí… Como decía, sufrí de petaditis por primera vez hace una década.

Mi padre, cuando me voy de su casa, cuando vuelvo a Madrid, siempre me dice: … y descansa… Diga lo que diga para despedirse, aunque diga algo así como “a ver qué tal juega el Madrid mañana”, diga lo que diga, siempre remata con un: … y descansa. Lo que más gracia me hace de la frase es la conjunción. La “y”. Esa “y” introductoria que une la frase con cualquier cosa o, más bien, con todas las cosas. Porque sabe, sí, aunque me vea tranquilo, sabe de sobra que mi mente y mi cuerpo lo necesitan. Haz lo que quieras, pero descansa. Es una forma de decirme: no puedes sufrir más episodios de petaditis.

La petaditis es una patología cuyo término he acuñado yo mismo (creo) y que hace referencia a ese bajón físico-mental que sufren algunas personas sometidas a fuertes cargas de estrés durante un tiempo determinado. No es nada grave, es como una anemia, tal vez es una anemia, o una anémona, o una anomalía mental, ¡qué sé yo de ciencias!, se supone que los escribientes son de letras… ah, no, perdón, que eso era en el S.XX... a ver si dejo de leer a escritores de entreguerras... Decía que el bajón dura un par de días o tres. No da fiebre, pero te da la sensación de tenerla. Se cura con reposo y con una buena organización, una agenda que no estrese.

Sé cómo prevenirla. Hace un lustro que no la sufro. A veces noto un sobre exceso de actividad física y/o mental y digo: ¡stop!, tienes mucho trabajo adelantado, aunque surjan cosas nuevas, nuevas aventuras, proyectos, creaciones, viajes, tienes tiempo de sobra para coronar el puerto y tomarte un helado, como hizo Bahamontes en el Tour de mil novecientos nosécuántos.

Y eso vengo haciendo desde hace un mes. He enlazado la conjunción, me he repetido el “descansa” y he parado el reloj de cuco, que iba adelantado, sincronizando el de pulsera con el del Telediario.

Pero aun así, sentado frente a la pantalla del televisor, mi mente se rebela, se inquieta, da vueltas, vomita… y hasta tiene orgasmos.

La naturaleza de cada uno es una constante con un ínfimo margen de variación.

La inquietud no es un problema, es un simple vicio.

Manejar el tempo de la inquietud no es una labor fácil.

Dentro de una década descansaré…

…"y" sin la conjunción.

No hay comentarios: