viernes, 4 de septiembre de 2009

El extranjero


De lectura rápida y agradable, El extranjero (Albert Camus, 1942) reflexiona, creo yo, sobre el sentido de la vida. La indiferencia del protagonista, que afronta con la misma “pasión” la muerte de su madre, su imputación en un delito y un amor, son el poso que me queda tras la lectura del libro. El personaje principal me recuerda a otros clásicos frívolos de la literatura, como Ignatius Reilly, por ejemplo, aunque sin el humor de éste. La técnica es bastante descriptiva, pero sin caer en largas y someras descripciones. Camus es muy gráfico. Te permite recrear situaciones y parajes en tu mente. El ritmo es trepidante y la narración nunca cesa, el uso de las comas acrecienta la sensación de compresión de los sucesos, tomados, todos ellos sin excepción, con la misma neutralidad y pasividad por parte del personaje principal. Camus nos habla de la alienación, del hombre del S. XXI, frío, frívolo, mecánico, poco pasional, nos recrea una existencia tonta y sin sentido, hacia la que él pensaba que el hombre se dirigía. El paso de los años ha demostrado que su margen de error fue mínimo. Una gran reflexión, una gran obra.