miércoles, 19 de agosto de 2009

Los ojos del hermano eterno

Otra novelita de uno de mis escritores favoritos de todos los tiempos, Stefan Zweig. Rompiendo la estructura habitual de sus historias cortas, donde un incidente activa la maquinaria del recuerdo, sobre el cual se desarrolla la trama, Zweig nos cuenta una brevísima historia que transcurre muchos años antes de la llegada de Buda. Es la historia de un hombre justo, Virata, un guerrero que mata, accidentalmente, a su hermano en una batalla y que, a petición propia, abandona el ejército del Rey para impartir justicia como juez del reino. Es un hombre tan justo que llega a obsesionarse con el sentido de justicia, lo que le llevará a vivir con un sentimiento eterno de culpa. Un destino condenado al ostracismo que ya observamos en otra obra cumbre de este autor: Mendel el de los libros.

Zweig, muy influido por su colega Herman Hesse, expone una temática espiritual y budista que en sus setenta páginas plantea cuestiones tan interesantes como el sentido de justicia y el sentimiento de culpa. Observo en el personaje influencias del Raskolnikov de Dostoievski (autor a quien Zweig admiraba) y del Demian de Hesse. ¿Quién pone las reglas? ¿Por qué unas personas tienen derecho a decidir sobre el destino de otras? ¿dónde está la virtud, en el punto medio?¿y dónde está el punto medio?¿cómo se puede tomar una decisión sobre algo que se desconoce? Las respuestas están en la mente de cada uno, pero tras leer la novela, aparecen con mayor claridad.