martes, 11 de agosto de 2009

Gohatto


Gohatto significa prohibición o tabú en el argot de los samuráis. Si yo hubiera nacido en el Japón del S.XIX es posible que fuera samurái. También es posible que no, que fuera campesino, depende. El caso es que esta película del reputado Nagisa Oshima (1999) me ha dejado a medias. El código de honor y disciplina de los soldados samuráis queda en entredicho en el trasfondo de la historia. Poder y corrupción no estaban exentas de la vida de los guerreros. Un joven y habilidoso recluta, Kano, es admitido en la milicia. Lleva el pelo largo y tiene un rostro angelical, parece una chica, un andrógino, un dibujo manga. La carencia de chicas y el roce convertirán a Kano, en el objeto de deseo de la milicia. Poco a poco irá conquistando el corazón, el deseo y la voluntad de todos; y hasta los machos más machos tendrán dudas sobre su sexualidad, hasta el inspector Yamasaki, el más duro del lugar, tendrá un destello de indecisión. Una trama que articula la narración y genera la tensión con una historia de momentos y diálogos brillantes, pero con una realización y un montaje poco visual y excesivamente discursivo. Abuso de los barridos en las transiciones (me refiero al efecto de “push” lateral, habitual en Kurosawa) y de los carteles introductorios de las escenas, que narran en off sin mostrar en imágenes. No obstante, mi pasión por las “películas de chinos” provoca que el cine bélico oriental me saque de la técnica y me permita ver la película como un espectador más. Por otro lado, siempre es agradable ver la interpretación de Beat Takeshi.