martes, 18 de agosto de 2009

Cuatro minutos


Accedí a regañadientes a ver esta producción alemana puesto que tenía, por no variar, una preferencia nipona. Pero fue una gran elección, finalmente. El cine alemán sigue demostrando su excelente estado de forma y el talento de sus jóvenes directores. Por desgracia, España está, a día de hoy, en las Antípodas de la industria germana.
El argumento de Cuatro Minutos (Chris Kraus, 2006) es más simple que lo que el visionado de la película hace parecer. Una anciana pianista, que da clases de música en una cárcel alemana, descubre el talento de una joven y conflictiva presa, Jenny, y decide presentarla a un concurso para jóvenes intérpretes. La problemática Jenny lleva a la profesora a plantearse sí realmente merece la pena desarrollar el talento de la chica, el precio a pagar por explotarlo es altísimo. Pero como buena bávara, tozuda, no se retractará de su idea inicial.
Sobre un sobrio guión se construye una narración visual austera y técnicamente perfecta. La fotografía y la música, de importancia capital en la cinta, están tan perfectamente empastadas que parecen inherentes a las imágenes. Como si éstas, vírgenes, fueran así. El drama podría llevarse hasta sus últimas consecuencias, pero el director no cae en la lágrima fácil e incluso da un giro optimista hacia el final: la redención. Destila, por momentos, fuertes influencias de Haneke, sobre todo en los momentos más duros, donde no muestra, sólo sugiere.
La película habla del talento como don divino, como putada, como algo que pesa, tanto si se explota como si no. Habla de las víctimas sociales, de la dureza de la vida, llevando al espectador de la Alemania nazi a la actualidad y relacionado ambas historias. Contiene planos y secuencias magistrales y una música impactante.
Larga vida al cine alemán.