jueves, 2 de julio de 2009

Yo me bajo en Atocha

Hace poco, en la estación de trenes de mi tierra, a la que sigo apegado y unido, me encontré con una paisana emigrada. Yo es que me vengo todos los findes, me dijo. Yo al principio también. No, si ya llevo dos años allí, pero es que odio Madrid. Yo al principio también. Pero, de verdad, yo es que no lo soporto, detesto ese ritmo. Hombre, no te voy a decir que me gusten sus incomodidades, le dije, pero, para mí, para mi forma de ser, de entender la vida, y de vivirla, es una ciudad que, con toda su mugrienta soledad, me encanta.

Con su boina calada, con su guantes de seda, su sirena varada, sus fiestas de guardar, su vuelva usted mañana, su sálvese quien pueda, su partidita de mus, su fulanita de tal… Con su todo es ahora, con su nada es eterno, con su rap y su chotis, con su okupa y su skin... a mitad de camino entre el infierno y el cielo...

El tren llega imponente a la estación, es un vehículo con porte, con galantería… un tren articulado ligero Goicoechea Oriol (TALGO).

Paramos en Medina del Campo. Ella no fuma. Ya hay suficiente humo en Madrid.

Llegamos a Chamartín y cogemos el mismo Cercanías, dirección Sur. Se baja en Nuevos Ministerios. ¿Dónde vas?, me pregunta.

...Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.
Las frases en cursiva pertenecen a "Yo me bajo en Atocha" (J.Sabina)

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