jueves, 9 de julio de 2009

Veinticuatro horas en la vida de una mujer


Me encanta la prosa de Stefan Zweig. Lo he descubierto hace poco, pero ya puedo afirmar que es uno de mis escritores favoritos. Veinticuatro horas en la vida de una mujer, es una novela corta, una pequeña historia de estructura similar a Mendel el de los libros, donde un acontecimiento del presente acciona la maquinaria del recuerdo, el recuerdo del protagonista, que saca a la luz la verdadera historia de la obra. Un grupo de clase social alta queda compungido cuando la mujer de uno de sus miembros desaparece con un apuesto joven, abandonando incluso a sus hijos. Una señora inglesa de unos setenta años, sintiéndose mal después de este hecho, busca un cómplice para contarle lo que le sucedió a ella años atrás, cuando perdió también la cabeza por un joven jugador de ruleta rusa, en Montecarlo. Zweig habla de la pasión, del deseo, del instinto, habla del corazón, de cómo se impone a la razón. Pero, en el fondo, subyace la idea de pecado, de culpa, la suciedad moral, la mácula original: tan prohibida en una sociedad con falsa ética, doble moral, tanta hipocresía y tanto maquillaje. Como de costumbre, el estilo es suelto y agradable, avanzando de manera rápida, gracias a la pericia narrativa, a la perfecta sintaxis, al encuentro con la palabra justa y exacta. No lo puedo evitar, me encanta Stefan Zweig, un maestro.

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