miércoles, 1 de julio de 2009

Barrio de Salamanca (Madrid)

Quiero comprar un libro. Internet me dice que existe un ejemplar en una de esas franquicias editoriales, cerca de mi lugar de trabajo. Pongo rumbo hacia allí: el corazón del Barrio de Salamanca. Velázquez, Goya, Serrano, nombres con glamour para calles cubiertas de alfombras rojas que ayudan a las pijas a caminar sobre sus tacones de aguja.

Viejas teñidas de rubio que lucen los pellejos de sus piernas, ésas que otrora las ayudaron a escalar, a trepar, a chuparla. Ejecutivos con traje a medida, a la medida de la panza cervecera, delatora de tanta comida de negocios, de tanto atrezo. Jóvenes guapas y famosas que salen en la tele por méritos propios, y ajenos. En resumen, un mundo ficticio en el que también hay clase media: repartidores, carpinteros, transportistas… Currantes que abandonarán la zona recién acabe su trabajo.

Y yo perdido por allí, caminando solo, empapándome del glamour de Gucci y Prada mientras alcanzo mi destino, la librería. Se trata del lugar más tranquilo del barrio. A diferencia de las tiendas de ropa, los bancos y los restaurantes, el establecimiento está vacío. Los pijos no leen, al parecer, o, quién sabe, tal vez los libros que allí se venden tienen precios demasiado populares,

para su bolsillo.