martes, 9 de junio de 2009

Mendel el de los libros


Cuando estaba a punto de partir hacia mi ciudad natal, ella me dijo: Toma, llévate este libro para el viaje, se lee en cuarenta minutos. Léetelo, por favor. Merece la pena.
Abrí la cubierta de pasta fina y me introduje dentro. Nunca mejor dicho. Es un cuento, un relato, una preciosa historia sobre la importancia de los libros, sobre mi profesión (o una de ellas), sobre los bibliófilos y, por encima de todo, sobre la vida.
Jacob Mendel es un judío asentado en Viena antes de la Primera Guerra Mundial que vive gracias a la compra-venta de libros antiguos. Permanece aislado del mundo, de la realidad, de la actualidad y la única verdad que conoce es la de las letras. Él no lee los libros, sólo su descripción bibliográfica. Es una enciclopedia andante, un Google bibliográfico, una base de datos. Sentado en una mesa de un viejo café vienés recibe a estudiantes e investigadores de toda Europa, que acuden a él en busca de referencias. Pero llega la guerra, los tiempos cambian, el bar también… Mendel es injustamente enviado a un campo de concentración dando sentido a la metáfora: lo arcaico, lo antiguo, el bien mueble listo para ser sustituido. Cuando vuelve de su condena, sin sus gafas, sin sus libros, ya nada vuelve a ser igual…
La sublime prosa de Stefan Zweig nos mete dentro de pequeña historia gracias a una gran pericia descriptiva y una aguda sensibilidad... El final consigue ponerte los pelos de punta.
Cuando estaba a punto de regresar a Madrid le dije a mi madre: Toma, quédate este libro, se lee en cuarenta minutos. Léetelo, por favor. Merece la pena.