miércoles, 24 de junio de 2009

Km. 0

Abril de 1999. Claudio Rivera, inquieto y aventurero, no es consciente de la importancia de su despiste. No tiene carné de conducir, aún, pero viaja mucho más que el BMW de sus padres, que algún día será suyo, y tendrá el motor afinado, para entonces. Claudio Rivera se levanta tarde, la noche anterior estuvo bebiendo, algo, y se dirige, corriendo, al lugar de la cita: la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León, su sede en Zamora. El autobús escolar está ya completo, sus compañeros gruñen, el profesor le abronca. Siempre tú, Claudio, siempre tarde. Pero Claudio Rivera intuye que, a pesar del comienzo, va a ser una buena mañana. Claudio se sienta en el único sitio libre que queda en el vehículo, al lado de María. No sabe si ésta lo ha reservado adrede, pero es una buena oportunidad. Si hubiera llegado pronto se habría sentado con algún compañero, alguien tan rudo como él. Tres horas de viaje, tres horas de conversación, pavoneo y exhibición, tres horas que podrían cambiar su vida. Conseguir a María para sí, conseguir acostarse con uno de sus mitos juveniles, trofeo para su salón, no parece real, pero podría acontecer. Claudio Rivera, sabedor de que el proceso requiere calma, abre su revista, de música techno-house, y le explica a María, por encima, algo sobre la música que hacen las máquinas, la más perfecta. María sabe que Claudio no es un bakaladero, pero algunos amigos suyos sí, lo son. María no es, ni mucho menos inocente, ni virgen, es una diosa del sexo, dicen, un buen reclamo para Claudio, que gusta de efectos alucinógenos, que no quiere vivir la realidad que le ha tocado, sino la suya, la que ha inventado para sí, y tal vez para María, también. Frente al museo del Prado, en unas escaleras, María coge la mano de Claudio, aprieta. El zamorano, bravucón, no tarda en sacar la caballería. Ve demasiadas pelis. Beso de Hollywood que funciona. Claudio palpa el volumen del seno derecho de María, instantes después, a modo de coqueteo. Ella no se muestra incómoda, a pesar de encontrarse rodeados de gente. De vuelta a su ciudad se alinean los astros, brilla la luna, casi llena, pero ellos no se acuestan, ésa noche, la única, que no lo hacen,
desde entonces…
NOTA: Esto es parte de un todo más complejo. Un boceto, una prueba...