sábado, 9 de mayo de 2009

Nadia, por ejemplo (parte II)

En la primera parte de este relato (Nadia, por ejemplo), esgrimí las razones que me llevaron a no querer saber cómo se llamaba realmente la chica.
Pues bien, sin yo pretenderlo, escuché como un cliente se dirigía a ella por su verdadero nombre.
Incomprensiblemente, se llama Magdalena. Más símbólico imposible...
Al oírlo me vi en la obligación de intervenir...
Magdalena no es un nombre ruso, le dije.
No, es rumano, contestó…
y siguió sonriendo…

¿Continuará?