domingo, 3 de mayo de 2009

Mi primer artículo: La dictadura global (20/03/03)

Rebuscando en el cajón de-sastre de mi biblioteca de Windows, he encontrado el archivo del primer artículo que me publicaron como tal en La Opinión de Zamora. Y digo esto porque al principio mis textos aparecían en la sección de "cartas al director". Este artículo sobre la invasión de Irak fue el primer texto que decidieron maquetar como columna. Era un 20 de marzo de 2003 y yo era un chaval ultra-rebelde, de 23 añitos, a quien la policía había intentado agredir (con poco éxito) en una manifestación en Salamanca. Mis dosis de rebeldía empezaban a alcanzar cotas preocupantes y la situación de crispación que vivía el país no ayudaba demasiado a cambiar... Pero entonces me di cuenta de que a pedradas y palos gababan ellos, que mi única arma era la pluma...

Tras un periplo por Inglaterra (en el que seguí escribiendo para una publicación deportiva. Otro día hablaremos de eso...) volví a coger la pluma en octubre de 2007...

Y aquí seguimos... arreglando el mundo desde la poltrona...

La dictadura global

El 11 de septiembre del 2001 fue considerado como una fecha trágicamente histórica. El símbolo americano del potencial económico (el poder, al fin y al cabo) se derrumbaba, con miles de inocentes en su interior, tras el brutal ataque de unos fanáticos terroristas. Ese día representaba el primer punto de referencia de una efecto previsible, el definitivo enfrentamiento entre oriente y occidente (con todas las connotaciones que estos términos conllevan), provocado, entre otras cosas, por una causa no tan previsible en su comienzo como es el actual mundo capitalista y globalizado
El 18 de Marzo del 2003 no se si pasará a la historia pero estoy seguro que representa una fecha trágica. Se trata de un punto de inflexión en el sistema que se ha dado en llamar democracia. Esta fecha , en mi opinión, puede resultar a la larga tan trágica como el famosísimo 11-S y es el segundo efecto, tras dicha fecha, de la causa global, el punto en el que el poder se centraliza a nivel mundial y la injusta decisión de uno nos arrastra, sin quererlo, a todos.
La globalización viene ocupando un amplio espacio en los medios de masas y algunos temas en la opinión publica pero es ahora, en tiempos de guerra y de grandes decisiones, cuando nos damos cuenta de hacia donde hemos sido arrastrados. La humanidad no solo no ha aprendido de las heridas bélicas del pasado, sino que ha preferido una guerra constante en las conciencias honradas de muchos ciudadanos (en su mayoría sin voz ni voto) en pos de llenar los bolsillos de una centena de dirigentes y gerifaltes que , desgraciadamente, dirigen nuestras vidas.
Estados Unidos, el líder, el hermano mayor, al fin y al cabo, el rico, siempre ha permanecido enfrentado a algún enemigo tras su intervención en la II Guerra Mundial. Primero fue la guerra fría y ahora es el mundo islámico. Además han conseguido, o al menos intentado, hacer creer que sus enemigos lo son, por consiguiente, del mundo entero pero ahora, cuando el mundo entero no les cree, ni les apoya, conseguimos llegar a esta situación. Tal situación tiene un nombre propio George. W. Bush. Un hombre que tergiversó los resultados de las elecciones para, de este modo, ser elegido democráticamente por su pueblo; una persona cuya mano ostenta el honor de ser una de las que mas penas de muerte ha firmado; un ser que posee la valentía, o la caradura, de aceptar con restricciones la entrada de su país en el nuevo Tribunal Internacional. En fin, un personaje que atenta diariamente contra las libertades y la vida humanas, ¿cómo puede pretender que creamos que eran terroristas islámicos quienes enviaban las cartas con Antrax a los ciudadanos norteamericanos?, ¿cómo podemos creer que el verdadero interés de esta guerra estriba en las armas de destrucción masiva?, ¿acaso no posee Corea del Norte este tipo de armamento?, ¿De veras debemos pensar que el estado norteamericano no colabora día a día con la destrucción masiva?. Actuaciones como la legitimidad de la pena de muerte, el derroche económico en armamento, unido al ostracismo al que han condenado a aquellos que no tienen nada que comer, o la no condena de los abusos de los tanques israelís contra las piedras palestinas son ejemplos reales que bien podrían pertenecer a una película de Luis Buñuel, en cambio, conforman la mas cruda de las realidades.
Estados Unidos no solo ha conseguido vendernos su moda, su fast food, su bebida en lata y su cine comercial, el 18 de Marzo del 2003 este enorme país ha alcanzado el “privilegio” de tener legitimidad (que paradoja) para hacer lo que le venga en gana en cada momento, sin que nada ni nadie pueda evitarlo y, en cierto sentido, ni siquiera criticarlo. Por tanto en este momento queda totalmente anulado cualquier sentido democrático y todo comportamiento diplomático para que George. W. Bush derroque a un colega, es decir, a un dictador como él.
La diferencia entre Sadam y Bush es la diferencia entre oriente y occidente; lo tradicional y lo moderno, lo radical y lo políticamente correcto. Sadam es un tirano chapado a la antigua, Bush en cambio, no manda levantar estatuas sobre su persona, ni ordena ahorcar a sus familiares por alta traición, pero escondido tras unos preceptos democráticos, una aparente diplomacia y una serie de tretas para sugestionar y confundir a la opinión pública, consigue compartir con Sadam ciertas capacidades para manejar al pueblo a su antojo, tomar decisiones sin ningún tipo de consenso (ni de criterio), y atentar impunemente contra los derechos humanos. La diferencia principal entre ambos estriba el dirigente iraquí actúa localmente, en Irak y el americano lo hace globalmente, en el mundo y casi por encima de él.
Es este un momento triste, no solo por la guerra (que nadie en sus cabales desea) sino porque el mundo, nuestro mundo globalizado ya tiene un tirano. Ahora que el pueblo y los países no aliados tienen cada vez menos que decir y el sufragio no se presenta como un consuelo (tal vez ni como un derecho), es momento de preguntarse: ¿cuántos dictadores mas piensa derrocar?, ¿quién será el próximo?, ¿tal vez su hoy subdito Aznar se convertirá en su enemigo? pero la madre de todas las preguntas es: ¿cuándo van a ver nuestros ojos la caída del gran dictador, el dictador global?. Esperemos que la respuesta no llegue demasiado tarde.

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