jueves, 14 de mayo de 2009

Eros


Eros, estrenada en el Festival de Venecia de 2004, es un proyecto ideado por el productor de Antonioni, Stéphane Tchal Gadjieff, quién tiempo atrás había intentado unir en una misma película a tres maestros del cine: Elia Kazan, Billy Wilder y Michelangelo Antonioni. Pero la idea no pudo ver la luz.
Posteriormente, se barajó la posibilidad de que junto a Antonioni estuviesen Wong Kar-Wai y Pedro Almodóvar. Pero finalmente Steven Soderbergh fue el elegido.

Se trata de tres cortometrajes de menos de media hora que hablan sobre el erotismo, la sensualidad y el amor. El quid de la cuestión residía en transmitir al espectador la sensación de cualquiera de estos tres sentimientos. Tres historias de parejas, tres filmes poéticos, tres cortometrajes líricos, tres narraciones visualmente plásticas…
Parece que el número tres es bastante importante en el significado del conjunto, por eso, para resumir la película, me voy a permitir el lujo de cortar y pegar la sintética crítica que aparece en la contracubierta del DVD y que está firmada por Olivier de Bruyn. Dice así: Tres buenas razones para no perderse esta película: 1: Wong, 2: Kar, 3: Wai.
En mi opinión, Eros no es una obra ni mucho menos cerrada. Es una obra desequilibrada, con una historia muy floja (la de un ya anciano, y siempre venerable, Antonioni), otra que podríamos denominar del montón (la de Soderbergh, cuyo fuerte no es, precisamente, la sensibilidad) y una tercera sublime (La del maestro de lo íntimo, Wong Kar-wai).
La mano
, el fragmento del director hongkones, es una miniatura sublime, pura artesanía cinematográfica. Es una pieza que se parece a sus padres, In the mood for love y 2046, una historia llena de fondo pero que jamás elude la forma. Una estética tan preciosa como la sensación que narra.

Aún no he visto My blueberry nights, es de las pocas que me queda del director, pero aunque sea una producción americana y aunque no pueda igualar sus obras maestras (In the mood for love y Fallen angels), esta película, Eros, resalta la habilidad y el talento de Wong kar-wai, quien deja a sus respetables acompañantes de cartel a la altura del betún...

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