jueves, 7 de mayo de 2009

Ajuste de cuentos



El primer acierto del libro me parece el título. Patxi Irurzun narra cómo aliviaba su rabia juvenil sabiendo que su turno de réplica, su vendetta, llegaría papel en mano. Se trataba de ajustar cuentas por medio de los cuentos... Yo también lo he pensado alguna vez...
Un cuento de Patxi es como un dardo envenedado cuyo veneno empieza a hacer efecto antes de clavarse del todo, antes del final. Algunos de los primeros textos, escritos cuando el autor tenía veinte años, derrochan una frescura muy difícil de ver cuando un escritor ya tiene la mano hecha. El estilo es muy cinematográfico, mantiene siempre una tensión dramática que tiene al lector alerta, inquieto, ávido de más... El poso de amargura que flota en el fondo de los textos se tamiza constantemente con una sonrisa sincera. Y eso es de agradecer: gracias, Patxi.
POZAL S.A, sus personajes y los sucesos que allí acontecen, son una buena venganza, un retrato de la verdadera realidad, una transparencia social que huye de las clases altas y la violencia gratuita de la literatura comercial. Un libro que, como dice la contraportada, está protagonizado por curriquis, chiflados y atracadores… cualquiera de nosotros. Una bocanada de aire fresco dentro de un mundo editorial cada vez más aburrido, repetitivo y comercial.
Martínez y López, los dos encargados sátapras de la fábrica en la que están ambientados muchos de los textos, quedan bien retratados en sus roles de ficción. Lo peor del asunto es que, como sabemos, la realidad siempre supera a la ficción. Así que no me quiero ni imaginar cómo pueden ser semejantes personajes...
El cuento más extenso de todos, El extraño caso del micólogo Faustino Ruíz de Zárate, además de ser un ejercicio de virtuosismo narrativo y de originalidad, destila una sátira que pocos manejan, y que ha sido capaz de hacerme reír a carcajadas; cosa que en literatura es harto difícil. Por momentos me ha recordado pasajes hilarantes de Eduardo Mendoza o de Iban Zaldua.
Un libro, en definitiva, que no apetece terminar.

(...)"Y pensaba en las piscinas con las chicas dejando que el sol de julio las sodomizase o lamiese sus pezones con su lengua de fuego, pero seguía tumbado porque todo aquello era sólo carne, carne sin ojos, carne sin cerebro, carne sin nombre con la que me iba a ser imposible escribir un cuento. Carne con la que, de todos modos, descargué mi juventud caliente sobre el estómago"(...)

Fragmento del cuento Bloqueo, 1991.

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