martes, 3 de marzo de 2009

Mi vida en la penumbra

Llevaba tiempo con ganas de leer algún libro de relatos de Vicente Muñoz Álvarez. Un viaje en autobús a mi ciudad natal me sirvió para leerme el último casi del tirón. Era sábado por la mañana y la luz no encontraba oposición en el cielo. A pesar de ello, tras sumergirme en las primeras páginas, se me apagó la luz: inicié mi viaje por una penumbra que me atrapó durante horas hasta que el final del trayecto me devolvió a la realidad.
Mi vida en la penumbra (Eclipsados) se compone de 20 relatos de diversa extensión que mutan progresivamente desde lo más Pulp a lo más introspectivo y sensible.
Los primeros textos derrochan realismo sucio por los cuatro costados. Pero a mí me evocaban las historias de uno de mis escritores favoritos, Carver. Cada vez que acababa un relato me acordaba de Carver. El estilo es distinto, nada que ver con el laconismo estilístico del americano, pero el hecho de abordar temas comunes de gente común y dejarlas tan abiertas e interpretables como la vida misma, me acercaba a los más bajos fondos de la cotidianeidad. Mención especial en este sentido para un crudo relato sobre un despellejador.
El trabajo, la vida en pareja, la búsqueda del yo, el nihilismo… todo un universo de penumbra en el que también caben los olvidados, los freaks: seres encerrados, aislados del mundo, vergonzantes para nuestra sociedad del bienestar, seres que moran las tinieblas del mundo de los instintos, de las más bajas pasiones.

Vicente Muñoz Álvarez bucea por su interior y saca a la luz reflexiones trascendentales desde visiones concernientes al común de los mortales.
Con una ambientación que nos trasporta al medio oeste americano sin salir del territorio español, el estilo fluido, contundente y rico en el uso del lenguaje, se armoniza con musicalidad poética. Los relatos del final pierden crudeza para ganar ternura y sensibilidad, para evocar el amor, lo bonito de compartir la vida.