miércoles, 25 de marzo de 2009

La caída de las torres gemelas

Este relato puede herir la sensibilidad de algunos lectores
No es que crea en Dios, como tal, pero sí cree en un ente superior que controla el movimiento de todas las cosas. Ramón es así, busca su propia religión, su autonomía metafísica, su razón. Ramón cree en los símbolos, en la causalidad, en que todo pasa por algo... Cuando se le desgarró el frenillo y empezó a sangrar como un cerdo, se acordó de su condición de picha brava, de matador, de estrella del porno que no cobra. Se dio cuenta que su órgano más importante había sido castigado por Dios, por ese ser superior conocedor de su punto débil, del miembro generador de problemas, del órgano que sustituye al cerebro en el cuerpo de Ramón, porque Ramón, en palabras de sus amigos, es un tío que piensa con la polla... Y así, muerto el perro, se acabó la rabia…
Ahora no pueden hacer el amor, pero, a pesar de eso, su mujer está encantada…

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