jueves, 19 de febrero de 2009

Metamorfosis


Supongo que pocos seres humanos se han parado a pensar en el dolor que produce la sección del cordón umbilical. Nadie lo recuerda. Es un tajo seco que te separa de la persona que te ha alimentado durante tus primeros meses de vida. En un corte contundente, directo, un corte tan importante que deja como testigo el agujero del ombligo, la puerta que comunica los intestinos con el exterior, uno de los orificios que nos dirigen hacia nuestro interior, hacia el mal olor y los fluidos. Pero a veces hay que hacerlo, hay que cortar de raíz, abrir un nuevo agujero, penetrar dentro para sacar todo fuera... empezar de nuevo. En ocasiones funciona de purga, de catarsis. No soy nostálgico, no creo en las épocas, sino en las etapas, y una larga y bonita etapa está llegando a su fin. El capullo se rompe, pero la mariposa es bella, y además… puede volar.