martes, 24 de febrero de 2009

Gomorra (libro+peli)


Me comentaba el otro día un chaval napolitano que lo que Saviano cuenta en Gomorra son historias y relatos periodísticos que cualquier habitante de la provincia de Campania más o menos conoce. Ha tenido cojones, le dije. No sólo él, el Sistema tiene los brazos muy largos; editores, distribuidores, periodistas, Matteo Garrone… cualquiera que haya ayudado a Saviano en su misión de denunciar a la Camorra desde el púlpito internacional que le ha ofrecido el libro, ha tenido cojones, me contestó (no sé si con estas palabras). Saviano, il nascosto, pone sobre el papel una excelente narración que destripa los entresijos de toda la estructura mafiosa de la Camorra, con nombres y apellidos.

Desde pequeño me han atraído las historias de la mafia: las películas, los libros, las historias populares. Pero la mafia, ese sistema social autónomo que se basa en proteger a las familias del poder del estado a base de imponer el suyo propio, cambia bastante dependiendo de la zona; la mafia napolitana, la Camorra, dista bastante de la calabresa (N’dranguetta) o la siciliana (Cosa Nostra), en lo que a organización se refiere. El padrino, Scarface, Uno de los nuestros… el cine y la mafia han sido históricos compañeros de viaje. Y ese es uno de los patrones sobre los que se mueve la película (Matteo Garrone, 2008). Muchos niños de Campania no sueñan con ser grandes médicos, ni abogados, ni periodistas, sueñan con ser Michelle Corleone o Tony Montana. The world is yours…

El verdadero problema de la Camorra es el problema social que ha enraizado. Más allá del alarmante número de muertos anuales, la preocupación es el daño que el Sistema produce a toda la sociedad del sur de Italia, una sociedad primitiva, empobrecida y sin muchas posibilidades de avance. Los clanes familiares forman los sistemas a base de expansiones empresariales horizontales. Las actividades lícitas e ilícitas generan un dinero que encaja perfectamente en el mercado global. Nápoles es uno de los territorios de Europa donde la mano de obra es más barata, donde la población está más desesperada. Si a un chaval de dieciséis años le ofreces una moto, una protección y un estatus, es normal que prefiera pertenecer al Sistema que tener un trabajo honrado. La Camorra es un sistema empresarial con ramificaciones en todo el mundo.


Pero los camorristas que se mueven por los suburbios de Nápoles y Caserta no son como los de las películas, lo más glamouroso que tienen es la camiseta de Maradona con el 10 a la espalda. Van en chándal, gustan de cubrirse de oro y viven en zonas deprimidas. La sociedad de los clanes se organiza en estratos independientes que cuentan con todo tipo de personal, desde los camellitos y los soldados, los killers, hasta los jefes de zona y los pagadores. En la película de Garrone, una excepcional reinvención del neorrealismo al más puro estilo Rossellini, los boss nunca salen. El filme muestra varias historias paralelas desde todos los puntos de vista que abarca la sociedad de la Camorra. Todos excepto uno. Los boss nunca salen, es una narración de corte social, es cine protesta, por eso los boss nunca salen, porque ellos no son las víctimas, son los verdugos, los hombres más poderosos de un estado que siempre se ha rendido a los pies de estas arcaicas sociedades familiares del sur de Italia, esas que hemos dado en llamar genéricamente Mafia.