domingo, 8 de febrero de 2009

Camino


Tal vez fue a principios de los noventa cuando acudí por última vez a una matinal de cine. Fue en mi ciudad natal. Domingos por la mañana… ya se sabe. Y la gocé. La mañana es un buen momento para el cine, cuando cuerpo y mente están aún dormidos, receptivos, tranquilos, sin pensamientos veloces ni preocupaciones. Nos decimos por una peli española. Sí, aunque mi participación sea ínfima, aunque sea algo con menos entidad que un nanosegundo, yo también siento que poseo mi 0’000001 % de membresía. Por eso, si puedo, veo cine español en las salas: colaboro. Camino fue nuestra elección. La triunfadora de esos premios tan acomplejados que entrega la Academia española. Me gustan las intenciones de Javier Fesser, pero ninguna de sus películas ha conseguido calarme. Esta tampoco. La historia real de una niña con un tumor maligno en la cabeza es el leit motiv de esta historia que habla de la vida, de sus diversas interpretaciones, de su unión con la muerte, de las creencias del hombre, de la religión. Camino es un canto a la vida y una crítica a la forma cristiana de explicarla. Camino es una niña cercana a la obra de Dios, al Opus Dei, a la que inculcan el amor y la sumisión a Jesús. Su final está escrito, de hecho, la película comienza así y luego se desarrolla en flashback. (Spoiler) Camino finalmente encuentra el amor en Jesús. Jesús es un compañero de su grupo de teatro. El montaje paralelo del final (que destila calidad a borbotones) alcanza una paradójica felicidad en el punto álgido de su curva dramática. Y es el mayor acierto.
El filme es de lágrima fácil, en tanto en cuanto el tema que trata es sumamente emocionante, pero no es sensiblera, no usa, a nivel de guión, las tretas del cine social. La sensibilidad se intenta afinar con la realización. Creo que equivocadamente: no entiendo esa tendencia del cine español (en general) por acercarse más a la realización americana que a la europea o a la oriental. Los planos tan cerrados llegan a agobiar, que es lo que pretender el director, pero la visualidad no habla demasiado, está coja, le falta variedad en la escala de planos.
Salí del cine con la impresión de que me hubiera gustado más si durara media hora menos. Salí con la impresión de tener una ligera pesadez argumental en la cabeza. La presentación de los personajes es perfecta, sus motivaciones también, las interpretaciones son posiblemente lo más destacable de la obra, pero la narración en sí, de entrada previsible, llega a aburrir por momentos por falta de ritmo narrativo... En cualquier caso, enhorabuena para Fesser por sus buenas intenciones y por esos destellos de calidad que siempre muestra.

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