miércoles, 21 de enero de 2009

Z ocrate Z

No fue en la época de Sócrates, pero fue hace mucho, en el Medioevo. Por entonces, Zamora era una plaza importante. Y el Rey Sancho de Castilla quiso regalarle una perla a una de sus amantes, la Perla del Duero: Zamora. Doña Urraca, la infanta, la jefa, la alcaldesa, devolvía las fichas del Cid con una paleta de padel. Doña Jimena era una cría, por entonces. No se dejaba hacer nada que se saliese del protocolo. Rodrigo Díaz era un jovenzuelo que hacía de secundario en la literatura épica. Y Zamora resistió, fue cercada pero no tomada, no se ganó en una hora, ni tampoco en 24. Un caballero portugués, Bellido Dolfos_hijo_de_Dolfos Bellido, salió por una de las puertas del recinto amurallado, se infiltró en el campamento del enemigo castellano, descubrió al Rey Sancho cagando y le clavó un venablo por la espalda. El Cid, que iba de figurita, se durmió en los laureles y no alcanzó al portugués, que pudo refugiarse en la ciudad. Eso provoco que Rodrigo arguyera la excusa más loser de la historia: “es que no llevaba espuelas…” (El Cid apriesa cabalga/sin espuelas lo ha seguido/nunca le pudo alcanzar/que en la ciudad se ha metido). ¡Pues vaya héroe de los cojones! El protocolo medieval tenía sus cosas, no era como el HTTP, era muy arcaico. Que si el honor, que si las afrentas, que si los duelos… El caso es que el portugués, un fenómeno (a ver que personaje histórico se ha cepillado al rey enemigo si causar baja...), quedó de traidor, y el entonces gobernador, Arias Gonzalo, tuvo que enviar a sus tres hijos al campo de batalla (Yo riepto a los de Zamora/por traidores conoscidos…/Por eso riepto a los viejos/por eso riepto a los niños/a los que están por nacer/hasta los recién nacidos…), siendo derrotados todos ellos sin excepción por el cabalero castellano Diego Ordóñez. El Leo Messi de la espada. La ciudad, herida en su orgullo, limpió su honor de manera radical, llevándolo hasta tal punto que hoy día un colegio de la ciudad y dos establecimientos hosteleros llevan el nombre del rey enemigo. Al pobre Bellido le dedicaron una de las puertas, por la que entró riéndose del Cid. Hoy se llama Portillo de la traición.
Una pila de años después de aquellos acontecimientos, Zamora vuelve a entroncar con aquel pasado donde se quedó estancada: la ciudad ha sido elegida para la celebración de la Cumbre hispano-lusa. Ambos presidentes y más de veinticuatro ministros de los dos países sacarán a la ciudad de la niebla por unos días, la pondrán en el punto de mira de los Mass-media, la globalizarán… Me parece un buen momento para ajustar cuentas con el pasado. Se lo debemos. Por muchas cosas. Se lo debemos. Propongo que Zapatero, en un fasto sin precedentes y con catering de productos de la tierra incluidos, le devuelva a Bellido, en presencia del presidente portugués, lo que es suyo: Portillo de un campeón.
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