jueves, 15 de enero de 2009

Villalda de las hormigas

El estado de Israel y sus asesinatos “selectivos” me producen verdadera repugnancia, de verdad. Lo que está pasando en Gaza no tiene ni nombre ni razón de ser. No lo ha tenido nunca, pero creo que ahora Israel ha convencido a casi toda la población mundial de que ellos son la verdadera amenaza para la estabilidad internacional. Ya no quiero ver las noticias, ni las fotos, ni siquiera leer las reseñas de prensa. Por eso tampoco había escrito sobre el tema. La única salida que tenía para afrontar este texto sin derramar la bilis que mana de la rabia y la impotencia, era utilizar el humor. Y eso es lo que he hecho, una sátira:

Villalda de las hormigas es una pequeña localidad ficticia que en tiempos ancestrales estuvo habitada por hombres morenos. El paso de las generaciones y el mestizaje fueron cambiando el color de la piel de los villaldeños, de tal manera que a mediados del siglo XX casi todos eran rubios. Los morenos, que andaban de diáspora, se quejaron a la ONU, y los británicos, que eran los soberanos de medio mundo, decidieron darle un pedazo de Villalda para ellos. Más del 50% del total. Resultaba que los morenos, además de tener mucho más dinero que los rubios, habían sufrido persecuciones. Los pragmáticos británicos, lejos del pro-sionismo de Truman, buscában controlar el cotarro junto a los morenos. Pero éstos, una vez se vieron dentro, dijeron que hostias. Y se empezaron a pelear. Los británicos acabaron su mandato y se largaron del pueblo. No sé si sabían que la habían liado parda. Pero parda. A los morenos les faltó tiempo para hacerse con el control del pueblo. Y los rubios se enfadaron y llamaron a todos los rubios de la zona formado la alianza rubia. Y atacaron. Pero, claro, los morenos eran más y estaban mejor preparados y los aplastaron y los rubios volvieron con refuerzos y fueron aplastados de nuevo por los morenos y éstos, insatisfechos aún, los desplazaron, los invadieron y tomaron el centro del pueblo, haciéndolo suyo. Resistieron el resto de oleadas de piedras y siguieron aislando a los rubios a base de introducir colonos a sueldo en los asentamientos periféricos de éstos, que vivían en condiciones precarias. Y así, en un hervidero diario, los rubios tuvieron que sobrevivir a su humillante situación. Los morenos siguieron reforzando sus tópicos, su palabrería, su dinero y su “tenemos derecho a defendernos”. Y así su poder llegó a gozar de tal impunidad que hasta cambiaron el nombre del pueblo. Sigue siendo Villalda, pero ya no es de las hormigas, ahora a las hormigas las pisan, las exterminan; el ayuntamiento da incentivos a los morenos en función del número de hormigas aplastadas a diario, su productividad. No, ahora ya no es Villalda, es Villalda de Israel.

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