lunes, 5 de enero de 2009

Te lo juro por Snoopy

Llegamos tarde al evento por culpa de su mujer, un pija pepera del Barrio Salamanca que afirmaba que a ella la gente con Levi’s le parecía vulgar. La boda era en un hotel de cuatro estrellas; poco para ella. Menuda zorra de lujo. En el camino de vuelta se tiró diez minutos criticando a todo el personal. Criticó la comida, el champán, la decoración de las sillas... Su tono de voz era irritante. Sacó una lima de uñas y se puso a limar sus placas de creatinina. Luego un espejo pequeño con el que se pintaba sus labios de votox. Después un peine y un bote de laca pequeño. Y un pintalabios. Y, como no, sus críticas, su desprecio hacia todo… Luego un frenazo, un trompo y un impacto. El golpe fue fuerte, pero adelante llevábamos cinto. Ella salió disparada, la puerta se abrió y salió volando. Unos invitados de la boda, unos tipos vulgares con Levi’s y camisa de cuadros, bajaron de su sencillo Seat Ibiza, le hicieron el boca a boca y la despertaron del sueño. Cuando se dio cuenta de que intentaban levantarla, los empujó y les gritó: “asquerosos, mal nacidos”. Daba pena verla, con el pelo revuelto, la falda sucia, rota y levantada, el andar cansino, la sangre cayendo por la frente y aquellos ojos de loca. Era un rastrojo, un trapo, un ser frágil ante el mundo. Su marido y yo estábamos lejos. Llamó a éste imbécil y le dijo que arrancara el coche. No se podía ni montar, estaba como borracha, hacía eses. Él aceleró fuerte cuando ella entraba, la lanzó por los aires y la dejó allí tirada, como un colilla, en relación con su nulo sueldo.

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