domingo, 18 de enero de 2009

Los detectives salvajes



Supongo que el tipo de vida que llevo es lo que me obliga a planificar hasta las lecturas. Hacía tiempo que quería enfrentarme a los Detectives Salvajes, pero sus seiscientas páginas en edición bolsillo siempre me echaban para atrás. Estas navidades me vi con tiempo y comencé este viaje iniciático por el mundo de la literatura y de la VIDA (sí con mayúsculas).
Bolaño me parece un mito, un maldito, un genio maltratado. Su narrativa exprime lo mejor de la literatura sudamericana y sus reflexiones son propias de una mente lúcida, pero también de alguien que ha vivido mucho, que ha exprimido la vida tanto que ha tenido que pagar el peaje de la muerte con tan solo cincuenta años. Como dice Beigbeder: el escritor debe estar más tiempo viviendo que escribiendo sobre lo que conoce de la vida. Por eso los grandes autores pueden escribir grandes obras, compendios de sabiduría, de vida, pueden cambiar de temática, de registro y hasta de estilo…. Pueden…

Los Detectives Salvajes narra el viaje de Arturo Belano (alter ego de Bolaño) y de Ulises Lima en busca de la desaparecida poeta Cesárea Tinajero, fundadora del grupo de jóvenes poetas real visceralistas de México (basado en el grupo real al que perteneció Bolaño en su juventud, los infrarealistas), del cual ellos mismos heredarán la etiqueta, intentando formar, sin demasiado éxito, un grupo literario.
Fragmentado al modo de Rayuela, es posible leerlo cronológicamente, pero es una opción que no merece la pena; la trama gana con la estructura.

El poso que me ha dejado esta obra será difícil de olvidar en mucho tiempo. Salvando las distancias lógicas, quiero encontrar y encuentro paralelismos entre la vida de Bolaño y la mía. Siempre corriendo, saliendo, tal vez huyendo… Siempre cambiando, probando, experimentando… Siempre buscándose la vida, siempre sudando sangre para poder publicar en revistas y fanzines, para poder comer…. Siempre sacando dinero de debajo de las piedras… Y sobre todo, siempre volviendo a la costa catalana, a los campings de la Costa Brava, a ganarse el pan, a currar como un perro para hacer dinero rápido, a sufrir y ¡qué cojones! a saber lo que es la puta vida.
Yo también he sudado tinta en la Costa Brava… y bajo la lluvia de Inglaterra, sólo y sin dinero. Una historia para contarle a los detectives salvajes, siempre buscando una...

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