jueves, 4 de diciembre de 2008

Tiepolo en Christie's

El 14 de mayo de 1770 María Antonieta contraía matrimonio con Luis XVI. Sí, cito primero a María Antonieta porque Luis XVI no sólo no alcanzó el peso monárquico de sus predecesores sino que además tuvo que pagar los excesos de éstos ante la guillotina popular de la revolución. Durante la celebración de la boda se organizó un espectáculo de fuegos artificiales que provocó un incendio que terminaría por cobrarse más de ochocientas vidas. El pueblo se enfadaría años más tarde. Pero no por el incendio; sólo fue una metáfora. La hoja de la guillotina brillaba bajo el sol. Pero los monarcas no quisieron escuchar el sonido de los sables. Preferían tirar el palacio por la ventana. Excesos y más excesos. También contrataban grandes pintores de corte. Les preocupaba el arte. Como símbolo de poder, claro. El veneciano Gianbattista Tiepolo es un ejemplo. Fue solicitado como pintor de la corte de Carlos III. Un buen puesto del estado que sin conceder una garantía vitalicia ni permitir excedencias, otorgaba un estatus de seguridad poco bohemia. Tiepolo ya no se movería de Madrid hasta su fallecimiento en 1770. Mil setecientos setenta. Aproximadamente un mes después, María Antonieta se casaba con el principito y el barroco dejaba paso al romanticismo. Hoy día ya no es sólo la monarquía quien se excede en gustos, placeres y excentricidades, el mundo entero se ha vuelto loco hasta tal punto que el sistema que nos habían vendido como infalible ha sufrido un corrimiento de tierra que nos ha hecho temblar a todos. ¿No nos lo podíamos imaginar? Tal vez no quisimos. Lo que sí tengo claro es que Tiepolo jamás se hubiera podido imaginar que, fuera de palacio, una de sus obras, Flora, encerrada por muchos años en un vetusto castillo, se vendería en Chritie’s por 900.000 libras. ¿O es que acaso es Luis XVI quien dirige el FMI?

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