sábado, 13 de diciembre de 2008

Si Turner levantara la cabeza

Hoy publica La Opinión de Zamora un artículo mío que utiliza la reciente concesión anual del Premio Turner de la Tate Gallery de Londres para poner en tela de juicio el concepto de arte contemporáneo que ha quedado tras Duchamp y sus sucesores.

MARIO CRESPO. Poco importa cómo llegó aquel urinario a manos de Marcel Duchamp. Nadie le preguntó al artista francés si había fabricado aquella pieza con sus propias manos o si la había comprado. Duchamp sólo trataba de cuestionar la idea tradicional del arte como actividad elevada cuando en 1917 envió un urinario firmado con el pseudónimo de R.Mutt a una exposición de artistas independientes en la galería Grand Central de Nueva York, en la que era miembro del jurado. Cuando la obra fue rechazada para la exhibición el francés decidió manifestar su inconformismo renunciando a su puesto. Aquella desacralización del arte fue a nivel conceptual mucho más trascendente que Las Señoritas de Avignon, de Picasso.
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