lunes, 15 de diciembre de 2008

¿Quieres hacer el favor de ponerte los cascos, por favor?

Un periodista de investigación decide infiltrase en una pandilla de canis para estudiar a fondo los hábitos vitales de esta especie. Su jefe le da unas leves instrucciones preparatorias que incluyen como primera premisa una visita a la peluquería. Paga doce euros a cambio del requisito más imprescindible: el pelo-cenicero con rabijos en la nuca. Sin más dilación acude a un compro-vendo oro de la calle Montera para pertrecharse con entre ocho y diez kilates de oro. Una par de cordones, dos pendientes, una cadena, tres sellos y cinco anillacos. Brillando bajo el sol camina hasta un local de automoción. Adquiere un Seat León amarillo fluorescente con pegatinas de dragones y tribales varios y lo tunea un poco más: unos faldones que no pasan la I.T.V, un alerón para tender la ropa y un poco de óxido nitroso para acojonar al personal en los semáforos. Una vez motorizado pone rumbo a Almacenes La Sierra donde paga doscientos pavos por un pantalón de chándal Nike Cortez blanco, una gorra TN y unas zapatillas de muelles; Nike, por supuesto. Tras aprender de memoria el vocabulario cani básico tipo: “¿tiene papé?”,”déjame un euro que me’keao tirao” y ”te va’nterar”, se dirige al barrio con 2000 vatios de reguetón-techno-chungo haciendo temblar el buga. Se presenta en el parque con un triturbo de siete papeles en la boca y no encuentra problema alguno para integrarse. Ni tampoco para liarse con la Yenni. Con la yenni de turno, porque yennis son todas… Una se llama Yessi, otra Vane, otra Juani. Roban unas motos, pasan por el centro comercial, amedrentan un poco al personal y se meten en el Cercanías para “ir a pillá”. El periodista de incógnito, ya convertido en uno más de la manada, olvida que el reguetón-kinki-flamenco lo tiene que escuchar todo pasajero que esté en el vagón. Canis dixit. Se calza los cascos, se delata, y se lleva unas hostias bien majas.

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