jueves, 11 de diciembre de 2008

Perdidos con Dostoievski

No pensaba interesarme tanto. ¿Quién mató a Laura Palmer? oíamos de niños cuando los nuevos canales privados llegaban a nuestra capital de provincias. Por norma general no suelo tener tiempo para dedicárselo a las series de televisión. Tampoco tengo paciencia. Esperar una semana para ver el desenlace de un suceso que posiblemente no tenga ninguna relevancia en la cuarta temporada, no va con mi personalidad. Twin Peaks como obra de arte. Sí, claro, ¡cómo no! Manual de filosofía visual. By David Lynch. Dostoievski vino después. Tomé dos CD’s prestados de la biblioteca. Luego otros dos. Contenían las dos temporadas. Y me los vi del tirón. Pero no puedo decir quien mató a Laura Palmer. Con Perdidos estoy haciendo lo mismo. Un manual de filosofía visual. Tras Dostoievski vinieron Hesse, Kafka, Camus, Sábato y Hemingway, entre otros. Pocos fueron impermeables al narrador total y sus atmósferas. Ni siquiera en la isla de Perdidos lo han sido. En uno de sus capítulos, durante una conversación entre las dos personas que mejor entienden los misterios del sitio donde se hayan, Benjamin Linus, el jefe de los Otros, le dice a John Locke, el único de los supervivientes que cree que su destino se reduce a estar perdido en esa isla, que Hemingway es un simple aprendiz del maestro ruso. Ben nació en la isla y es el que mejor conoce y aprovecha sus posibilidades. Y habla con metáforas. Locke se dió por aludido. Yo no veo series. Pero sólo me quedan cinco capítulos de la cuarta temporada de Perdidos por visionar. Seguiré leyendo a Dostoievski hasta que empiece la quinta. O tal vez a Nietzsche.

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