domingo, 21 de diciembre de 2008

Cosmópolis+Serpientes y piercings



Una de esas semanas en las que escasea el reposo, el tiempo libre. Sociedad, trabajo, viajes. Una de esas semanas en las que no eres capaz de acabarte una novela de doscientas páginas. Uno de esos libros que te piden que los leas del tirón. Fragmentado en su estructura, Cosmópolis (Don DeLillo), te sumerge dentro de una crucial jornada en la vida de Eric Packer, un poderoso asesor de inversiones de 28 años. Un atentado, un entierro, disturbios, la visita del presidente, la fluctuación del yen. Una odisea moderna a bordo de un lujoso automóvil. Limusinas extralargas atascando Nueva York. El sistema financiero será endeble mientras los yuppies atraviesen el infierno para cortarse el pelo y dejárselo a medias. Las últimas cincuenta páginas del tirón. Recomponiendo la perspectiva cubista del cuadro narrativo. En una de esas tardes de viernes en las que te quedas en casa. Tranquilo. Con ansias de devorar letras. Cosmópolis no es tempranillo, es un crianza que llena el paladar de sabor. Y el poso fue tan grande que elegí un libro corto y de letra grande para poder continuar leyendo: Serpientes y Piercings (Hitomi Kanehara). Hice una pausa para mear. Una hora después lo había acabado. Un libro opuesto al anterior. Una historia lineal que abarca un amplio espacio de tiempo en muy pocas páginas. Tres personajes. Un triángulo amoroso. Crudeza japonesa con reminiscencias del Azul casi transparente, de Ryu Murakami. Una joven escritora llena de fuerza vísceral que pincela lo trascendente de su historia a través de su reducido universo de sexo, violencia, piercings y tatoos, y que dista mucho del planteamiento del destino como mecanismo aureo universal -comparable a los resultados de fútbol o a la fluctuación del yen- que plantea DeLillo. Fui a las termas a leer. Estuve rato en el caldarium y no tardé mucho en salir del frigidarium. Una vez fuera, próxima estación: Ampliación del campo de batalla, M. Houllebecq.

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