martes, 23 de diciembre de 2008

Ampliación del campo de batalla


Se trataba de un modelo Mercedes de hace dos años. Asientos cómodos. Tapicería de cuero y películas para niños. 23 euros. Sí, atención, repito: 23 euros cuesta viajar de Madrid a Zamora en un maldito autobús que tarda la friolera de tres horas. Tres putas horas en un trayecto que antes de la aplicación de la ley de puntos y a 145 de media, se podía cubrir en automóvil en 2:05 minutos. La ley antimonopolio se aplica según sector y en función de cómo caigan los dados. Tampoco es plan de amargarse. Aunque, bueno, si me permiten un desahogo… me apetece blasfemar: ¡cagonchos! Vacaciones. Largas vacaciones. Tan largas que creo que desde que iba al instituto no disfrutaba de un periodo vacacional tan prolongado. Y en esas me puse a leer. El marca páginas me introdujo en la cincuenta. Treinta kilómetros antes de llegar lo di por finiquitado. La luz cenital sobre mi asiento era una de las pocas encendidas. La gente prefiere dormir. Oír música. Hablar por teléfono (especialmente las mujeres)… ¡Y encima te miran raro!. Houellebecq. Me dieron ganas de decir en alto: Michel Houellebecq. ¡Léanlo! ¡Tienen que leer a este autor! Seguirán hablando por teléfono, escuchando a Bisbal, durmiendo... pero al menos, un poso de reflexión quedará en sus fríos subconscientes. En Ampliación del campo de batalla despliega, con su dinámica y visceral narrativa, todo su abanico de críticas sociales; sugerentemente abrumadoras. Mención especial para la comparación entre el liberalismo económico y el sexual. ¡Léanlo! descubran a esos personajes de espíritu misántropo; alguna vez estarán de acuerdo con ellos.

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