domingo, 9 de noviembre de 2008

Regreso al futuro

En la primera parte de la trilogía de Robert Zemeckis el científico chiflado, Doc Brown, le repetía insistetentemente a Michael J. Fox que en su viaje al pasado tenía que evitar en la medida de sus posibilidades alterar cualquier acontecimiento. El malo de la película Biff Tannen, utilizaba en la Parte II la alteración de la secuencia espacio-temporal con fines lucrativos, trayendo la tiranía y la desgracia a la ciudad.
Me parece una buena reflexión filosófica. Las teorías de John Locke vienen a decir que las cosas suceden con un orden que rige el universo y que lo autorregula. Los acontecimientos siempre son causales no casuales.
Abrir cicatrices antiguas, aunque sea para curarlas, es siempre un riesgo. El hecho de que muchas familias exijan un entierro digno para sus familiares me parece muy respetable. Si por mí fuera todo el que quisiera un entierro digno, ya sea cristiano o no, lo tendría. Pero no toda España piensa como yo. Y ahí es dónde estriba el riesgo de la apertura de fosas. Abrir viejas heridas para que judicialmente se llegue a una justicia que aborda la dignidad de la muerte, es un tema complicado en un país que aún camina en calzoncillos, como España; más que una solución podría convertirse en un problema. Repito que yo jamás me opondré a una decisión así, pero tanto los descendientes de un bando como los del otro, como los crispadores profesionales, podrían reverdecer viejos laureles con hojas de odio.
Si volvemos al pasado habría que abrir muchas fosas más que las de la Guerra Civil para hacer justicia plena.
Ojala sucediese como en la película y el DeLorian pudiese viajar a la Guerra para evitarla. Pero, por suerte o por desgracia, ni se puede ni se debe alterar el curso de los acontecimientos históricos; ni desde el presente, ni desde el pasado, ni desde el futuro.

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