martes, 4 de noviembre de 2008

Incompatibilidad de caracteres

Norman apura su último trago y pasa de página. Últimamente bebo demasiado, piensa. La separación de su mujer y el desencanto que ha supuesto el final de su affaire con su exrival de bufete, le han sacado un poco de quicio.
Jennifer, la abogada, está enamorada de él. Pero no se lo dice. Es orgullosa y altiva. Cuando discuten, Norman la suele comparar con el protagonista de Match Point. Está casada. Su marido es un importante ingeniero… de Teleco, como suele decir ella. Tiene una vida asentada, acomodada y económicamente feliz. Tiene hasta un chófer que la espera en Serrano. Pero se aburre, se hastía y hace mucho… mucho… que no se corre.
Una noche, mientras Norman y Jennifer hacían el amor, a ella se le escapó un “te amo”. Norman, poco después, preguntó por ello. Ella lo negó. Norman deseaba que su relación fuera clara y abierta, que fluyese como la prosa de la última novela que está leyendo. Pero ella no cedía. Prefería el dinero, lo comercial, prefería leer El niño del pijama de rayas. Norman llegó a pedirle que se fuera con él. Lejos. A Huesca, por ejemplo. Pero ella no cedió. Nunca cedió.
Hace pocos días, olvidado ya su affaire, se reencontraron en una fiesta de abogados. Tras una breve charla diplomática, Norman le pregunta a Jenny: “¿Qué libro estás leyendo ahora?” Orgullo y prejuicio, contesta. "¿Bailas?", pregunta Jenny. "No, Jenny, Los tipos duros no bailan…" de Norman Mailer.

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