miércoles, 19 de noviembre de 2008

Crimen y Castigo & Match Point

Estoy leyendo Crimen y Castigo. Sí, me he decidido. Lo que había leído de Dostoyevsky me había flipado. Es un narrador total. Lingüística, estilo y, sobre todo, contenido, para mí lo más importante.
Crimen y Castigo no es una obra maestra por casualidad. No he necesitado terminar el libro (un buen tochaco) para darme cuenta. Aunque aún no lo he acabado, ya estoy degustando la sutil introspección que conduce a lo más profundo del sentimiento del personaje, a su tormentoso sentimiento de culpa. Una tortura psicológica que éste llega a somatizar y hasta convierte en fiebre.
El remordimiento o sensación de culpa propia y su correspondiente tortura está siempre muy dentro de todos nosotros. Menos de El Solitario, claro, que realmente se cree lo que dice. Aunque también hay otras excepciones, como la del protagonista de Match Point, que al final se sale con la suya, y hasta el azar le favorece... ¡Que injusto ha sido Woody Allen! pensarían algunos. Pero no; como observa Dostoyevski: “el castigo no intimida al criminal, ya que éste de por sí pide ya moralmente un castigo”. Es la única manera de redimirse.
Si después de todo, el protagonista del citado filme hubiera tenido un mínimo resquicio de nobleza u honestidad, podría haber evitado la peor de las condenas, la que Woody Allen le otorga: la de quedarse a solas con su miserable destino, con lo que no desea, con la mujer a la que no ama, con el dinero, con el estatus… con el atrezzo… con su pobre espíritu, enfangado en el barro de su sucia conciencia.

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